El trabajo de Marcos Tejedor parte de la imagen reconocible: rostros que ya existen en la memoria colectiva, iconos que forman parte de un imaginario común.
Pero no le interesa representarlos. Le interesa tensionarlos.
Su obra dialoga con la tradición del retrato contemporáneo, situándose en un punto intermedio entre la construcción icónica asociada al pop art y una aproximación más cruda y psicológica de la imagen.
Cada pieza comienza desde una base controlada, donde la estructura del rostro está definida con precisión. A partir de ahí, la pintura se convierte en un campo de decisión: intervenciones, cortes y gestos que alteran esa estabilidad inicial.
El color no aparece como un elemento descriptivo, sino como una fuerza de ruptura. Actúa sobre la imagen, la interfiere y la desplaza, generando una distancia entre lo que reconocemos y lo que realmente estamos viendo.
En muchas obras, la figura convive con estructuras que la contienen o la atraviesan: líneas, marcos o formas que introducen una sensación de presión y límite. La imagen deja de ser un retrato para convertirse en un espacio de tensión.
No busca la perfección, sino el punto en el que la imagen deja de ser correcta y empieza a ser verdadera.
El resultado no es una representación fiel, sino una imagen en conflicto: entre el icono y su transformación, entre el control y la ruptura, entre la superficie y lo que intenta emerger de ella.
Selección de trabajos recientes. Algunas piezas se encuentran en colecciones privadas y otras se encuentran disponibles.